La temporada de resultados va echando el cierre y, como era de esperar, todos los que metemos nuestro dinero en inteligencia artificial estábamos mordiéndonos las uñas hasta el pasado miércoles, esperando las cuentas del primer trimestre de Nvidia (NASDAQ: NVDA). Mentiría si dijera que me pilló por sorpresa ver cómo la compañía volvía a pasarles la mano por la cara a los analistas de Wall Street, pulverizando de paso sus propias guías internas. A fin de cuentas, el resto de gigantes tecnológicos —muchos de los cuales son los clientes VIP de Nvidia— ya habían enseñado sus cartas. El mensaje de fondo en todos ellos era calcado: la inversión en infraestructura de IA está pisando el acelerador. Y eso, lógicamente, es pura gasolina para el negocio principal de centros de datos de la firma.
A veces nos cegamos buscando el próximo pelotazo del mercado, ese «monopolio indispensable» y desconocido que provee de tecnología crítica a titanes como Nvidia e Intel, ese mirlo blanco que, según algunos informes recientes que circulan por nuestro equipo, podría llegar a coronar al primer billonario de la historia. Sin embargo, lo que desde luego no vi venir fue la jugada de la propia Nvidia: el anuncio de una autorización adicional de 80.000 millones de dólares para recomprar acciones.
El mensaje en la sombra de las recompras masivas
Semejante inyección de capital obliga a plantearse qué nos está intentando decir la cúpula directiva sobre el actual superciclo de capex en IA. Cuando una empresa se lanza a recomprar sus propios títulos, suele ser porque desde los despachos ven que la acción cotiza por debajo de su valor intrínseco. Es un espaldarazo total a la confianza que tienen en poder mantener un ritmo de crecimiento envidiable a medio plazo. En lugar de sentarse sobre una montaña de efectivo o liarse a comprar empresas de dudosa rentabilidad, prefieren devolver capital al accionista. Con unas previsiones de ingresos brutales, un flujo de caja libre descomunal y una demanda insaciable de chips por parte de los hyperscalers, este tipo de programas subraya algo clave: la directiva está convencida de que su trayectoria real va muy por delante de lo que descuenta el mercado a día de hoy.
Y si echamos la vista atrás, el historial de recompras asusta. En agosto de 2023 dieron luz verde a 25.000 millones sin fecha de caducidad, ampliando un programa que ya tenían abierto. Clavado un año después, en 2024, aprobaron otros 50.000 millones. A esto le siguió el anuncio de 60.000 millones más en agosto de 2025. Para hacernos una idea del volumen del que hablamos, solo durante su año fiscal 2026 (que cerró el pasado 25 de enero), la tecnológica devolvió a sus accionistas más de 41.100 millones de dólares combinando recompras y dividendos. Así que, entrando en este último trimestre con 38.500 millones aún en la recámara, el consejo de administración ha decidido sacar la artillería pesada y aprobar esos nuevos 80.000 millones, de nuevo sin fecha de caducidad.
Mucha tela por cortar: de Vera Rubin a la locura del capex
Por mucho que Nvidia ya lleve la corona de la empresa más valiosa del mundo, le sigue quedando muchísima pista de despegue. El mercado puede estar exigiéndole la luna, pero creo firmemente que sigue siendo una de las mejores opciones de compra ahora mismo por un cúmulo de factores.
Para empezar, el dinero de Vera Rubin ni siquiera ha cruzado todavía la puerta. Nvidia tiene por costumbre sacar una nueva arquitectura de chips cada pocos años y el salto generacional suele ser una salvajada. Eso es exactamente lo que nos espera cuando los chips Rubin reemplacen a la actual tecnología Blackwell. Hablamos de realizar inferencia a una décima parte del coste de un chip Blackwell equivalente, y abaratar el entrenamiento de modelos a una cuarta parte. Es un salto cualitativo brutal que va a desbloquear capacidades de IA que ni siquiera hemos asimilado aún. ¿Lo más interesante? Nvidia lleva tiempo calentando el terreno con este lanzamiento, pero todavía no ha ingresado ni un solo euro por esta plataforma. Los chips Vera Rubin empezarán a enviarse en el tercer trimestre de este año, abriendo una vía de crecimiento completamente nueva para la compañía.
Por otro lado, si hay algo que frena a los inversores más escépticos son las dudas sobre cuánto va a durar realmente esta fiebre de los centros de datos. De los 81.600 millones de dólares que Nvidia facturó en su primer trimestre (un despegue del 85% interanual), nada menos que 75.200 millones vinieron directamente de su división de centros de datos. Es una concentración bestial, sí, pero cuando esta pata del negocio va como un tiro, sería de locos no exprimirla a gran escala.
Evidentemente algún día veremos cierta desaceleración en este tipo de gasto, pero estamos lejísimos de que eso ocurra. Sin ir más lejos, Alphabet, uno de sus clientes más gordos, ya le ha dejado caer a sus inversores que sus gastos de capital para 2027 van a ser “significativamente mayores” que los de 2026. Eso nos confirma que la construcción de infraestructura de IA se va a alargar con fuerza, como mínimo, hasta 2027. Y, viendo los movimientos de tablero de Nvidia, está claro que asumen que esto no ha hecho más que empezar.