Noticiero Agropecuario.- Desde el inicio de la administración Chávez, en 1999, hemos observado como importantes Federaciones, movimientos campesinos y asociaciones agrícolas del país, se han venido adaptando al nuevo modelo agrícola bolivariano. Al calor de las políticas agrícolas implementadas por el gobierno, surgen nuevas formas de organización que han manifestado su deseo de adaptarse al “nuevo régimen”, fundamentado (en teoría) en la democracia popular y participativa , la justicia social, la erradicación del latifundio, la equidad y el trabajo productivo en el campo.
Sin embargo, a decir de los productores agrícolas tradicionales, estos nuevos movimientos y organizaciones gremiales, cuya fuente ideológica no es otra que las ideas patrióticas y revolucionarias de Bolívar y Zamora, hasta ahora, sólo se han dedicado a estimular las invasiones de fincas productivas, violando la propiedad privada, promoviendo la anarquía en el campo y provocando el desplazamientos de un sector de productores (agrupados en asociaciones y federaciones de amplia trayectoria) por otro que alienta las cooperativas, los consejos comunales y los núcleos de desarrollos endógenos.
Desde nuestra perspectiva, el proceso bolivariano afectó las relaciones sociales, políticas y económicas en el sector agropecuario nacional. A pesar de no existir una política agrícola clara y coherente que le de estabilidad, seguridad y bienestar económico a los campesinos y a los pequeños y medianos productores, es indiscutible que el modelo bolivariano, impulsado por el presidente Chávez, ha logrado el efecto político de revolucionar el campo, tal como en su oportunidad lo logró la Reforma Agraria impulsada por el Presidente Rómulo Betancourt en la década de los años sesenta.
Según el nuevo modelo agrícola se pretende sustituir la estructura agrícola capitalista, dependiente y explotadora, por un sistema incluyente, independiente y libre de toda opresión y privilegio; por lo tanto, el nuevo liderazgo debe convertirse en factor de poder popular en la medida que adopten un carácter vinculante y sean expresión real de la socialización de la comunidad. De lo que se trata es de confiar más en el poder popular, disminuir las intermediaciones y aceptar el co-gobierno con el pueblo. Es el poder constituyente frente al poder constituido.
El nuevo liderazgo agrícola bolivariano, en consecuencia, tiene que surgir del poder alternativo expresado en diversas organizaciones populares, políticas y fundamentalmente aquellas que estén vinculadas al sector campesino. Su relación con el poder alternativo o constituyente debe ser más fuerte que el que actualmente tienen con el poder constituido que sólo servirá para coordinar acciones y delinear estrategias, sin que por ello se pierda la autonomía e independencia del poder popular.
Para ir construyendo ese nuevo liderazgo, es necesario darle protagonismo a las bases campesinas adormecidas, fortaleciendo sus organizaciones, rescatando sus propios espacios que le permitan tomar decisiones económicas, políticas, culturales y de defensa de sus intereses de manera propia, democrática, participativa y protagónica. En el modelo agrícola revolucionario la lucha política está por encima de la lucha reivindicativa, por lo tanto, las organizaciones gremiales tradicionales o de “viejo cuño” no tendrán ninguna oportunidad de participar en la construcción y diseño de la política agrícola del gobierno calificado por sus partidarios de revolucionario.
Siguiendo a William Izarra, uno de los principales ideólogos de este gobierno, “el talento represado y la margen de la intelectualidad alienada del modelo reformista, tendrá la oportunidad de ocupar espacios nunca antes s permitido. La dirección de la sociedad deja de ser un privilegio de las cúpulas para darle paso a un proceso de adecuación de las comunidades organizadas a ejercer el mando sobre sus respectivos colectivos”. ( Revista “Question, 2006).
El Modelo Agrícola Bolivariano y el Socialismo del siglo XXI
En el modelo agrícola bolivariano se adopta como sistema político el socialismo. Ello, significa que la sociedad y el estado socialista, por una parte, colectiviza la propiedad privada de, al menos, los principales medios de producción y distribuye equitativamente o en forma más igualitaria el poder económico. Por otro lado, amplía el poder político propiciando la participación de todos los actores sociales en las decisiones fundamentales.
En el modelo agrícola bolivariano, el sistema sociopolítico corresponde a una democracia directa, participativa y protagónica; factores que vienen a definir el llamado socialismo del siglo XXI. El desarrollo del sector agrícola dependerá ahora de las decisiones políticas y sociales que tome el poder popular. El modelo agrícola bolivariano se sustenta sobre la categoría de la lucha de clase, con el fin de eliminar la propiedad privada de los medios de producción, entre ellos, la tierra y, por ende, la eliminación de la estructura agraria del sistema neoliberal y latifundista.
El modelo agrícola será socialista en la medida que tome en cuenta el ideal igualitario, cooperativo, recíproco, solidario y atienda con propiedad los intereses de las mayorías mediante su fusión con otras formas de propiedad económica. Será socialista, en tanto y cuanto, se avance hacia la construcción de una economía basada en el valor ( valor de uso) y no en el precio ( valor de cambio) y la participación en todas las decisiones del poder popular.
Ya no se trata del afán de lucro y la máxima ganancia como móvil, sino la satisfacción de las necesidades colectivas. Primacía de los valores de uso sobre los valores de cambio, permitiendo emplear la economía de escala, superar la subutilización de la capacidad instalada de la agroindustria y la sobrediversificación de los bienes. Se trata de un modelo mixto, cuya economía asociativa ( empresa estatal, propiedad privada y propiedad colectiva autogestionaria), actúen no como un mecanismo de compensación de la pobreza, sino como una herramienta para construir el nuevo tejido social que requiere la revolución.
Sin embargo, hay numerosas voces disonantes que no creen en el socialismo del siglo XXI que promueven y divulga el Jefe de Estado. Para la historiadora Elizabeth Burgos: “ Chávez lo que pretende instaurar por decreto es un socialismo, provocar una revolución en donde el contexto histórico lo único que exigía era una administración eficaz y la modernización del Estado”.
Continúa Burgos “la idea de los líderes e ideólogos del proyecto del socialismo siglo XXI, se caracteriza por su vacío, la repetición de ideas desfasadas que demuestran una gran pobreza intelectual y una ignorancia patética de la historia contemporánea, y en particular, de lo que significó el socialismo del siglo XX ( El Nuevo País, enero 2007, 19 aniversario).
En efecto, hay que afirmar que dentro del seno de la misma organización Chavista, no hay claridad hacia dónde debe conducirse el proceso bolivariano, particularmente, cuando de economía se trata. Para algunos ideólogos del partido oficialista “afirmar públicamente que el socialismo del siglo XXI es un socialismo a la venezolana, o que se trata de una combinación de la economía privada y la pública, es por lo menos una ingenuidad. Piensan que no existe un socialismo a lo venezolano, como no existe un socialismo a lo brasileño o a lo ruso. Existe sí, el socialismo para la Venezuela de hoy, que debe ser profundamente humanista y democrático”.
Sostienen que “es imprescindible la evaluación histórica del socialismo. El objetivo no es transitar por los errores cometidos en ellas. La nueva cultura política debe eliminar, en lo posible, las intermediaciones, los sujetos y las instancias que filtran, limitan o distorsionan la verdadera participación del pueblo. Existen, según su tesis, demasiados intermediarios entre el pueblo y el poder, lo cual permite al viejo modelo pretender sobrevivir”.
En tal sentido, valoran la posibilidad de “construir un andamiaje social mediante la implementación de formas autogestionadas de trabajo y producción, ampliación de las cooperativas e introducción de la cogestión en las empresas agrícolas ( asociaciones y organizaciones gremiales) y agroindustriales, teniendo como norte la superación del criterio de rentabilidad y eficiencia, propias de las empresas capitalista y suplantarlo por otro modelo donde los valores no sean el lucro y el beneficios individual” ( Revista Santa Inés, edición especial No. 7; p: 7).
El Presidente Chávez ha tenido la oportunidad de contar con tres leyes habilitantes que le han permitido legislar sobre diversas materias económicas, políticas y sociales y promover, sin ningún tipo de consulta, el Socialismo del Siglo XXI .
En resumidas cuentas y volviendo al tema del modelo agrícola agro-bolivariano, el proceso bolivariano se propone ( en teoría) estimular el fortalecimiento de la economía socialista de la producción a través de las cooperativas, los consejos comunales campesinos o agrícolas, las empresas de producción social y las nuevas formas de intercambio que surgirán como consecuencia del conocimiento popular y que al mismo tiempo, servirán de elemento fundamental para crear la nueva geopolítica nacional, bajo el criterio del modelo de desarrollo endógeno.
La creación de 21 polos de desarrollo, ya iniciados en todo el territorio nacional, ser´la referencia del nuevo modelo socialista que se aplicará en la revolución bolivariana. Estos polos se formarán con las unidades agrarias socialista, el aparato productivo apropiado, la infraestructura de comunicaciones, los servicios y la tecnología para crear una nueva forma de producción, distribución del producto y reparto justo de los bienes generados por la actividad productiva.
Según el Ministerio de Agricultura y Tierras, serán espacios geográficos estratégicamente bien definidos, con potencialidades de producción socialista, conformados por la articulación de fundos zamoranos, núcleos de desarrollo endógenos, centros de formación ideológica, cooperativas y estructuras autogestionarias ( Periódico Noticiero Agropecuario, 2007, Edic. 135).
Lo cierto es que a pesar de todos los proyectos revolucionarios que ha concebido el gobierno nacional para impulsar la agricultura nacional y formar un nuevo liderazgo dentro del sector, persiste la necesidad de crear un clima apropiado para la inversión y la producción. La cultura de país petrolero, en la que el Estado provee como un padre caritativo, nos ha llevado a poseer un músculo productivo atrofiado, debido a que el sistema democrático venezolano ha venido sosteniendo un modelo económico estatista, basado en la creencia de que sólo mediante la intervención del Estado es posible alcanzar resultados positivos de bienestar colectivo.
* La siguiente investigación pertenece a un fragmento del trabajo de grado presentado por nuestro director, Ruben Flores Martínez, como requisito para optar al grado de Magíster en Ciencia Política en la Universidad Simón Bolívar, en el año 2007”.